“Me sorprende la falta de tolerancia a otros tipos de cine”

A fines de Junio entrevisté a José Luis Torres Leiva para Plagio. El resultado del encuentro fue la siguiente conversación y reflexiones varias.
El nombre de José Luis Torres Leiva ya comienza a sonar fuerte entre la nueva generación de directores chilenos. En los festivales de cine ya es un talento reconocido. El 2006 fue contactado por Atelier del Festival de Cannes para participar en un encuentro con productores y distribuidoras para mostrar su trabajo y además, ser el representante de la delegación chilena en dicho certamen.
Su vocación por el cine comenzó en los últimos años del colegio y la búsqueda continuó cuando ingresó a estudiar comunicación audiovisual en la universidad UNIACC. Sin embargo la historia comienza con el cortometraje Obreras Saliendo de la Fábrica, que le valió el Gran Premio del Festival de Cortometrajes de Bilbao y el Grand Prix del Festival de Cortometrajes de Drama, Grecia 2005. También sus documentales Un lugar en ninguna parte y El tiempo que se queda, recibieron los elogios de la crí­tica.
Con la timidez y sencillez que lo caracterizan José Luis Torres Leiva se reúne a conversar con Plagio acerca de su primer largometraje filmado en Valdivia: Cielo, tierra y lluvia y de sus motivaciones cinematográficas.
¿Cómo fue tu experiencia en el Atelier de Cannes 2006?
Fue bien sorpresivo, quedar en el taller y después ir para allá. Además, muy importante como aprendizaje, ya que no tení­a muchos conocimientos de cómo se va armando una pelí­cula. En el Festival tuve que construir un proyecto y presentárselo a productores. También, fue raro porque este era un proyecto más bien pequeño e independiente y de repente estaba en Cannes y me hací­an preguntas, fue muy especial y bonito. Gracias a esto después hubo gente interesada que nos ayudó a concretar el proyecto. En el Atelier se eligen proyectos que están en la etapa previa a la filmación pero que por alguna razón les cuesta conseguir financiamiento por ser proyectos más independientes o más extraños para el paí­s de origen. Entonces lo que hace el Festival es reunir estos proyectos, luego crear un catálogo para hacer los contactos con los productores de todas partes del mundo. Así­ los productores veí­an el catálogo y se inscribí­an en las historias que les interesaban. Entonces al llegar, las dos primeras semanas del festival, eran para reunirse con los productores. En realidad es una manera de ayudar y abrir puertas a las nuevas ideas. Además los productores que participaron en la pelí­cula fueron muy abiertos y no pusieron ninguna condición, confiaron en el proyecto.
Ese año fui como representante de Chile, porque el festival habí­a elegido varios paí­ses, entre ellos Chile, para una muestra que se llama Todos los Cines del Mundo; donde se exhiben largos y cortos, ahí­ presenté el corto Obreras Saliendo de la Fábrica. Así­ que fue por partida doble. Esta instancia fue bastante buena, fue una delegación de chilenos muy grande, con esto se dieron cuenta que no sólo era interesante mostrar las cosas que se están haciendo en el paí­s sino que también hacer contactos y negocios.
Terminaste de rodar Cielo, tierra y lluvia ¿cuál es la historia?
Es la historia de cuatro personajes que viven en el sur y que por distintas razones se cruzan. Son personas bien solitarias, introvertidas y el cruce entre ellos les permite aprender acerca de vivir con su soledad y miedos.
Eres Santiaguino, pero haces un cine que es todo lo contrario a vivir en la capital y la vida urbana…
En realidad este proyecto Cielo, tierra y lluvia fue pensado en el Sur, no en un lugar especí­fico, sin embargo después todo se fue dando para hacerlo en Valdivia. El tema es que me gusta que el paisaje sea un protagonista más de la pelí­cula y el sur tiene esa potencia con el clima y los lugares. Me llama más la atención ese tipo de sitios y me cuesta mucho pensar en una pelí­cula en Santiago, debo tener una tara. Aunque me gusta vivir en Santiago y soy bastante citadino.
Tal vez porque tu forma de hacer cine que es más reflexiva y pausada…
Yo creo que la ciudad no da mucho para eso, igual puede ser pero es más difí­cil. En cambio el sur tiene todo ese encanto de los paisajes y de personas inmersas en él. Además Cielo, tierra y lluvia es muy de sensaciones, tiene casi nada de diálogos y no tiene música, entonces ahí­ la naturaleza juega un rol muy primordial y los sonidos son la música de la pelí­cula.
En tus cintas esta muy presente el paso del tiempo, la cadencia del tiempo, los recuerdos. Son filmes bastante diferentes al cine nacional que se está haciendo ¿cómo ves tú trabajo?
Lo veo de dos maneras. Primero respecto de las pelí­culas, me interesa el paso de tiempo y la detención de lo cotidiano, de lo que supuestamente no es tan importante porque creo que aquí­ hay muchos elementos. Por ejemplo si uno hace una toma que dura 5 segundos de una pareja hablando y luego haces la misma pero en un minuto, empiezas no sólo a ver a la pareja que habla, sino que también lo que los rodea, cuál es el estado en que ellos están, cuál es el lugar dónde están, los sonidos del ambiente y muchos elementos que enriquecen la escena. Eso es lo que a mí­ me gusta como espectador y cineasta.
Ahora, si me hicieras definir lo que quiero hacer tiene que ver en pensar el cine como un oficio no como un privilegio, porque además hay muchas maneras de hacer una pelí­cula. Creo que lo bonito es formarse un oficio de cineasta y en cada trabajo que uno haga ir aprendiendo y descubriendo la falla y la meta de lo que uno quiere hacer. Por eso no me gusta mucho cuando hablan de que las pelí­culas realizadas en video tienen menos valor que las hechas en cine, para mi eso no es primordial. Hay muchas cintas hechas en video y terminadas en video, independientes, que son muy interesantes. Esos trabajos permiten experimentar con el lenguaje cinematográfico y buscar la manera más cómoda de contar una historia. Cielo, tierra y lluvia tuve la suerte de hacerla en cine pero si la siguiente no la hago en 35 mm no significa que tendrá menos valor.
Ese concepto de hacer pelí­culas como un oficio, como un trabajo más y estar haciendo siempre cosas, como cualquier otra actividad. Ser cineasta como una ocupación constante y cotidiana, aunque no exista la posibilidad de exhibir tu obra comercialmente, ya que hay otras maneras de mostrar las cintas, por ejemplo en Festivales, o de manera más independiente y no pensar que porque no se distribuye en el circuito habitual es un fracaso.
¿Crees que el cine chileno está muy preocupado de hacer de las pelí­culas un negocio?
Claro, aunque yo no estoy diciendo que no sea un negocio, ni tampoco que sea malo que una parte del cine esté orientado a ese ámbito, pero no puede ser sólo eso, hay muchas posibilidades de hacer cosas y muchas formas de hacer historias.
Tu estilo es muy cercano al documental ¿Por qué prefieres este camino?
En algunos aspectos creo que da mucha más libertad que la ficción. Libertades de cómo abordar los temas, libertades estéticas y de lenguaje. También porque esos documentales yo los hice muy independientes con mi cámara y me acomodaba trabajar así­; poder estar toda una tarde buscando algo que me llamara la atención. Me daba mucho pudor tener un equipo esperando mis decisiones.
Ahora, esos trabajos no tienen entrevista, entonces tampoco se enmarcan totalmente en el género, son más experimentales. Por eso me gusta el documental, te permite hablar de algunos temas con mayor libertad, de hecho el cine chileno que más me gusta es el documental. Admiro mucho a Ignacio Agüero y Cristián Leighton.
Esta forma más documental de abordar las historias ¿crees que de cierta manera es una respuesta ante las grandes producciones?
Yo creo que eso siempre van a existir las grandes producciones entonces rebelarse contra eso no tiene mucho sentido. En todas partes del mundo el cine norteamericano va a llevar la delantera por razones que son muy obvias, pero lo que si tiene sentido es crear oportunidades de hacer otros tipos de trabajos que se puedan mostrar. Crear nuevas instancias, por ejemplo, la cineteca, los cines club de las universidades que permiten mostrar otras formas de abordar en el cine.
Para ti es muy importante el papel del espectador, actuando como su propio guí­a. ¿Qué esperas del público? ¿Qué cosas te gusta provocar en el espectador?
Me interesa mucho la complicidad que se provoca entre la pelí­cula y el espectador, de ahí­ nace la comunicación que pueda haber en la cinta. Sin embargo, me han manifestado opiniones como por ejemplo que mis pelí­culas son en contra del espectador, que son aburridas y lentas, y pensadas sólo para una elite. Pero mi intención es que el espectador sea parte de la pelí­cula y que exista una comunicación muy estrecha entre ellos, por ende las historias que a mi me gustan son aquellas que te dan la posibilidad de irlas descubriendo mientras la ves y no que te vayan guiando de la mano, diciendo esta historia va por aquí­ y va a terminar de tal forma. Cuando estoy trabajando pienso en un espectador activo.
¿Pero crees que tu trabajo requiere de un espectador más paciente?
Si, tal vez pero lo bonito de eso es que uno igual se puede llevar sorpresas. Uno nunca sabrá de ante mano como va a funcionar una pelí­cula, no hay fórmulas, son cosas que uno no puede y tampoco no debe manejar. Es impredecible; lo interesante del cine es eso que no hay espectadores predeterminados.
El sonido es un espectador más en tus cintas ¿qué importancia le das y por qué?
Me gusta trabajar con pocos diálogos porque me interesa que la imagen y el sonido sean los elementos narrativos, principalmente porque las pelí­culas que me llaman la atención hablan con eso y tienen que ver con eso. No es que esté en contra de la música en los filmes al contrario hay cintas donde la música es un elemento importante, pero acá me llamó la atención trabajar y narrar a través del sonido y no depender de los diálogos. Por el momento me interesa trabajar de esa manera.
¿Qué cintas chilenas antiguas o nuevas las sientes más cercanas a tu forma de ser o a tu trabajo?
De ficción Palomita Blanca, también Tres Tristes Tigres y todo lo que hizo Raúl Ruiz acá. Me gusta mucho Cristián Sanchéz, Ignacio Agüero y Cristián Leighton. De lo último que he visto, Arcana de Cristóbal Vicente y Tierra de Agua de Carlos Klein.
¿Cuáles son tus directores referentes en estos momentos?
Uno tailandés, Apitchpong Weerasethakhul, me gusta mucho la libertad que tiene del lenguaje. Yazuhiro Ozu que es como el Romer Japonés, que dirigió hasta los años 60’ y su trabajo es muy transparente, es un director de oficio porque hizo mucho cine y muy personal. También me interesa Fassbinder.
Y la pelí­cula más impresionante que he visto en el último tiempo es una de Pedro Costa que se llama Juventud en Marcha. Me impresionó tanto la forma en que está hecha, sólo en mini DVD con un sonidista y sin embargo tiene mucha pulcritud y conciencia de lo que él cree que es el cine, además es una pelí­cula muy humilde como cine y eso se nota.
¿A tu juicio cuál es el mayor pecado de cine que se está haciendo en la actualidad tanto nacional como internacionalmente?
Yo creo que es la falta de tolerancia que existan otros tipos de cine. Me llama la atención que a veces el medio sea tan cuadrado y se crea que hay maneras de hacer pelí­culas, creo que las maneras de hacer y de enfrentar una historia son infinitas. Entonces, sorprende que se produzcan discusiones y que se diga esta pelí­cula es buena o mala por tal motivo, en realidad no hay pelí­culas buenas o malas depende de cómo te lleguen a ti, como te afectan, se están valorando elementos que no deberí­an ser tan importantes, eso me da un poco de susto.

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